Saint Tropez/ St-Tropez

3498975474_ac66a22b86St-Tropez al atardecer, foto flickr fujjii.

El auge de las vacaciones pagadas provocó que un flujo de franceses descendiesen por el valle del Ródano y se apelotonasen en la costa mediterránea. Buscaban el buen tiempo y seguían la estela del glamour de los multimillonarios que habían descubierto Cannes, Mónaco y Niza.

Como en todo siempre ha habido clases, clases sociales quiero decir, y por tanto debía, y debe, haber referentes, mitos, paraísos que marquen pautas generales pero que a la vez sigan siendo selectos y reservados. St-Tropez es un ejemplo de esos paraísos creados para sostener una industria mucho más grande que el gran pueblo de 5600 habitantes situado entre Toulon y St-Raphäel. El cine, aliado o enemigo, la popularizó a partir de los años 50, creando algo que se encuentra a medio camino entre Montecarlo y el pueblecito ideal  de un Mediterráneo ideal que ya no existe.

Hoy en día el acceso continua siendo poco práctico ya que las estaciones de tren de alta velocidad (TGV), verdadera esencia de Francia, se sitúan, justamente, en Toulon y St-Raphäel, a varias decenas de kilómetros. La carretera principal que une Marsella y Niza, tampoco pasa por la costa lo que hace que la llegada a St-Tropez no sea cómoda. Sin embargo, tal vez sea eso lo que ha impedido un crecimiento vertiginoso y más descontrolado de la zona. Sin embargo, esto no impide que los precios de los cafés y los helados en los encantadores aledaños del puerto sean más caros que en los Campos Elíseos de París. Tampoco evita que las marcas más prestigiosas y caras de ropa y complementos y los vehículos más poderosos y exagerados circulen por las callejuelas y esté aparcados frente a casitas bucólicas, con su acero bien bruñido y ese olor a rico tan característico.

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Yates en el puerto. Foto Flickr de Risastala.

La ciudad ha cambiado muchísimo desde el siglo XV. En esa época no era más que un puesto militar en la costa y ha acabado convirtiéndose en un centro de vacaciones, más o menos selectas donde la ostentación, un grave pecado en Francia se convierte en halago y actitud voluntaria. A comienzos del XX, era un pequeño pueblo de pescadores en decadencia al haber perdido su función comercial y agraria. La segunda guerra mundial provoca graves desperfectos en la ciudad, que fue, por otra parte la primera liberada en el sur después del desembarco de Provenza. Con todo no será a hasta los años 50 cuando se convierta en unos de los centros referencia del turismo de lujo, primero por la afluencia generosa de los artistas  de la Nouvelle Vague, después de los Yeyés y finalmente, por ser la residencia de la Jet Set europea y norteamericana que buscaba y busca la autenticidad provenzal.

Dónde dormir en Saint Tropez.

Saint Tropez es una de esas ciudades conocidas en el mundo entero. Adulada por la gente adinerada, refugio de yates que parecen trasatlánticos y con villas y palacetes que podrían, y de hecho pertenecen, a jeques, multimillonarios, actores de cine y futbolistas, St Tropez es lujo y lujo sobre lujo. Esto puede disgustar y causar rechazo o todo lo contrario. Lo único que debe saberse es que la ciudad y su entorno son de esta manera. Por ello, en general, los hoteles de la ciudad y los alrededores son caros y lujosos. Para gustos existen los colores.

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Las Playas de Saint-Tropez

Saint-Tropez, icono de las vacaciones glamourosas posee, evidentemente, playas donde broncearse y tostarse al sol mediterráneo para después tener que dar explicaciones en las típicas conversaciones parisinas tras el verano.

A la entrada de la ciudad nos encontramos con la playa de arena fina de La Bouillabaisse. En el mismo viejo barrio de la Ponche, entre la Torre del Portalet y la Torre Vieja se encuentra la playa del mismo nombre. En pleno corazón de la ciudad. Esta playa fue un puerto de pescadores, después puerto principal de comercio del XVII al XVIII.

Playa de les Graniers, al pie del lado sur de la ”Citadelle”, tras el cementerio de los marineros. Se trata de una pequeña cala que conserva, aún, un aspecto natural y salvaje.

Les Canebiers (Cañaveral), una de las más grandes y anchas, discurre junto a la carretera de Salins. Su nombre viene del cáñamo antiguamente cultivado en esa zona. Es la playa por excelencia de St-Tropez

La Moutte, hay que ser un iniciado para conocer esta discreta y familiar playa. Se encuentra después de la Bahía des Canebiers.

La playa de Les Salins tiene un color rosáceo derivado de los fragmentos de coral que se encuentran entre la arena. Un inmenso pinar da sombra a la playa lo que es interesante en las abrumadoras tardes veraniegas.

Ya fuera del municipio, en Ramatuelle, encontramos cinco kilómetros de playas de arena fina llamadas Pampelonne. El golfo que se forma en la zona permite excursiones y caminatas a lo largo de sus diez kilómetros de costa hasta el cabo Camarat.

El paseo de las playas es un recorrido que a pie puede durar unas tres horas para recorrer los 12 kilómetros que hay entre St-Tropez, la playa de Tahití, pasando por la antes mencionada Bahía de Canoubiers.

La Ciudadela de St-Tropez

Es el monumento preeminente de la ciudad, por su envergadura y situación. Las necesidades defensivas de la ciudad, constantemente objeto de ataques de piratas, corsarios y turcos, provocaron la construcción de un fortín desde la Edad Media. Éste, destruido por el Duque de Guise no será reconstruido hasta comienzos del siglo XVII(1607). Desde esa época la “citadelle” corona St Tropez. Va a ser el elemento defensivo más importante en toda la costa entre Toulon y Antibes – Juan-les-Pins. Durante las guerras de religión, la fortaleza será objeto de ataques y sitios que sólo el final del conflicto interno pondrá fin.

En 1742, una batalla naval tiene lugar en la bahía. Los ingleses hunden cinco galeras españolas ante la Ciudadela que, desprovista de cañones, no puede intervenir. Más tarde se convertirá en deposito del ejercito francés de Italia, para ser tomada durante la revuelta federalista, en 1793, en la Revolución Francesa.

Actualmente el Ayuntamiento y el Gobierno restauran la Ciudadela. Las obras del Torreón principal hacen que la visita sea sólo parcial. No obstante la ciudad organiza diversas exposiciones y eventos a lo largo del año.

Horarios
Del 1 de abril al 30 de septiembre : 10h – 18h30 (cierre de la taquilla a las 18h).
Del 1 de octubre al 31 de marzo : 10h – 12h30 et 13h30 – 17h30 (cierre de la taquilla a las 12h y a las 17h).
Precio (orientativo): 2,50 €

3408805504_0509a4d8d6Callejuelas del centro. Foto Flickr de Ravaleja.

La Vielle ville (Ciudad Vieja)

Construida por los habitantes que se instalan después de la construcción de la Ciudadela. Esta compuesta de casas altas y sus fachadas están pintadas de colores ocres, amarillos o naranjas que se reflejan en las aguas del puerto. Antiguamente estas casas se utilizaban para guardar los barcos de pesca, actualmente son comercios y tiendas. Muy recomendable para tomar un café y disfrutar del puerto y los atardeceres mediterráneos sintiéndose un millonario retirado que ha escogido un pueblecito rustico como residencia.

El puerto de Saint-Tropez

En vísperas de la Revolución 80 barcos llenaban el puerto. El trafico era intenso y las actividades portuarias y comerciales florecientes. Los habitantes de St-Tropez no se parecían en nada a los actuales, eran mitad marino mitad guerreros. Aún en 1860 el barco más importante de la marina mercante era un tres palos de 740 toneladas llamado La Reine des Anges. En 1914 St-Tropez era todavía el 17 puerto de Francia. Después de la IIGM el viejo ST Tropez se muere, serán los artistas de la Nouvelle Vague quienes lo salvaran.

Muy agradable paseo por los muelles donde se pueden observar yates inmensos y catamaranes magníficos donde difícilmente pondremos nuestros píes. Se pueden contemplar desde una terraza, como un lujo pasajero que habremos de pagar y pagaremos con gusto, como si fueran nuestros los bajeles modernos que duermen  cien metros más allá.

3159913686_3d3eec16cfMuelle Jean Jaures, Foto Flickr de Claudia.

Principales edificios y sitios de interés.

La fabrica de Torpedos.
En 1907, Schneider decide situara en Saint-Tropez el centro de investigaciones y ensayo de torpedos para la Armada. Las particularidades de la costa y el clima son ideales para los ensayos. Ya desde 1914 la Marina encarga pedidos a la fabrica. Ésta será nacionalizada en 1936.

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Iglesia de St Tropez y su campanario, foto Flickr de papyricko.

Iglesia de Saint-Tropez

Esta iglesia destaca por su campanario de 1624 pintado de color ocre de Siena. Es el emblema por excelencia de la ciudad. Su campanario es uno de los más bellos de todo el departamento. De estilo barroco, alberga un busto de Saint-Tropez rodeado de viejos trabucos usados en las Bravades

Merece la pena la visita por el laberinto de callejuelas y placitas a su alrededor.

Nuestra señora de la Asunción

Destaca su fachada con una estatua de Saint-Tropez centurión.

Otros sitios dignos de visita son la capilla de Sainte-Anne; el Lavadero Vasserot y su fuente, la Torre Jarlier; el Palacio y el parque de la Moutte; y el porche de la “maison du Maure” (La casa del Moro) o la escalinata “del corsario”.

El Museo de l’Annonciade.

La capilla de la Anunciación donde se sitúa fue construida entre 1510 et 1558 por la cofradía de los Penitentes blancos. Desacralizada en el XIX. En 1955 Georges Grammont rico industrial y coleccionista de arte que ha obtenido del ayuntamiento la cesión del edificio inaugura un museo. A él dona las mejores piezas de su colección. Hoy se pueden visitar obras de la l’École française y de las vanguardias.

La fiesta de la Bravade

Se trata de la fiesta patronal de la ciudad pero su origen es guerrero y religioso. Es una de las fiestas más importantes de la ciudad. Hay dos “bravades”, una del 16 al 18 mayo y otra el 15 junio (bravade española) que corresponde a la victoria sobre la galeras españolas. Fiestas de carácter militar, mezclan también procesiones católicas en una suerte de sincretismo que reafirmaba la alianza entre el poder municipal y religioso, probablemente contra el centralismo real. El alcalde y el cura participan junto a ciudadanos disfrazados de mosqueteros. Una procesión traslada a Saint-Tropez, al santo católico, por la ciudad entre el bullicio, la música y los tiros de mosquete.
El origen es curioso porque en realidad mezcla dos acontecimientos que no tienen relación. Una muestra más del cuidado que debemos tener a la hora de valorar o respetar ciegamente ciertas “tradiciones”.

Por un lado una leyenda cuenta que un romano, Torpes, centurión de Nerón se convirtió al cristianismo lo que le granjeó la ira de su Emperador. Nerón como es sabido no se andaba con chiquitas e ipso facto, en buen latín, decapitó al susodicho Torpes. Su cabeza (supuestamente hoy en Pisa vayan ustedes a saber como llegó allí), viajo por el Arno y las corrientes la llevaron a una playa de Héracléa (antiguo nombre de Saint-Tropez, este último obviamente derivado del pobre Torpès).

Por otro lado, mucho más tarde cuando el peligro de los corsarios berberiscos era acuciante la ciudad se vio en la obligación de nombrar un jefe militar. En 1558 el Consejo de la ciudad decide nombrar un jefe y constituir una milicia local. Durante más de un siglo está milicia asegurará la defensa de la ciudad. Luis XIV en su afán por controlar su reino, la substituirá por una guarnición real pero ya en el XVII.

Después de la perdida de su función militar las armas, el puesto de capitán y la parafernalia se mezclan a la fiesta patronal del Santo Tropès. De esta manera ambos hechos se unen para constituir la nueva y sólida fiesta patronal de la ciudad. Las elites locales se servirán de la Bravade para mantener su estatus y dar muestra de él, ya que los puestos relevantes de las procesiones y actos eran y son ocupados por personajes importantes.

Y para terminar no podemos olvidar el cine ya que varias películas muy conocidas y fundadoras de la Nouvelle Vague fueron rodadas en St-Tropez. Así Goddard rueda “Y Dios creo a la Mujer”; con Brigitte Bardot en 1956; Bonjour tristesse (1958),  Une fille pour l’été (1960). La Collectionneuse (1967), La Piscine (1969) con Rommy Schneider y Alain Delon .

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Mapa, plano y callejero de St-Tropez