Marsella

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Marsella, la Massalia griega, la Marsella medieval y renacentista, Marsella opulento puerto de comercio, puerta de Provenza y de Francia, ciudad refugio para los franceses de Argelia, para los argelinos después, Marsella ciudad de contrastes, de riqueza y de decadencia, de mar y de monte, todo esto y mucho más es Marsella. Los orígenes de la ciudad son muy antiguos. Hacia el 600 a. C, navegantes griegos llegaron desde Focea en Asia menor. Los foceanos fundarán Massalia y su llegada supondrá un cambio capital para todas la poblaciones de la región. Los griegos traerán nuevos productos y técnicas y cambiarán la relación de poder de toda la costa e interior. La colonia será la más importante de todo el Mediterráneo occidental. Es el comienzo de una larga historia…

Sería muy difícil mostrar con palabras lo que significa esta ciudad, segunda de Francia en población (Más de 800.000 habitantes, bastante más de 1,6 millones en la gran Marsella), tercera en importancia, nosotros intentaremos a penas que la vislumbren para que después la visiten realmente.

En Marsella hay varias ciudades, eso ya de partida; el puerto y sus aledaños, el mayor monumento sin duda; la parte alta, con un encanto decadente parecido al barrio lisboeta de Alfama; las playas y las islas, la de Montecristo con fortaleza y todo; las grandes avenidas decimonónicas que comienzan a reformarse y remodelarse, allí donde aparecen las tiendas de ropa y se expulsa a los inquilinos desafortunados para vender y venderse al mejor postor;. ¿Ley de vida o terrible pérdida? Ustedes decidirán, de todas formas la ciudad está cambiando. Una ciudad donde el espíritu marsellés está muy desarrollado (durante las revueltas de 2007, Marsella no sufrió las consecuencias de ese conflicto nihilista a pesar de ser una ciudad pluricultural y con problemas económicos y sociales). Marsella único lugar de Francia, donde el fútbol, por desgracia es religión como en España o América Latina. Marsella, donde un marsellés de pura cepa y de origen rumano, belga, turco, portugués o corso nos ofrecerá una calma conocida y el pastis, el aperitivo provenzal, en una terraza con vistas a la bocana del puerto… Tal vez, eso, esa calma mediterránea con un sol que ilumina y calienta sin molestar, tal vez eso sea lo que busca todo pirata, todo viajero. Marsella, refugio para un día, para una semana, para un instante, eso seguro.

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¿Cómo llegar a Marsella?

El aeropuerto de Marsella-Marignane se encuentra a 25 km del centro, siguiendo la carretera N-113. Unas 6.000 plazas de aparcamiento están disponibles. Las principales compañías de alquiler de vehículos ofrecen sus coches en la planta baja de la sala 4. Un autobús une el aeropuerto y la estación de tren de Marsella (unos 20/30 min.). o la estación de autobuses de Aix-en-Provence (30/40m). Hay taxis disponibles: www.taxis-aeroport.com. Numerosos vuelos conectan la ciudad con Barcelona, Madrid y otras capitales españolas. Aún así no goza de las excelentes conexiones de París. Existen dos terminales situadas muy cerca una de la otra.

Por tren es muy fácil venir desde la capital, en unas tres horas los TGV cruzan toda Francia. Existen incluso conexiones con el aeropuerto parisino de Roissy-Charles de Gaule. Desde España es más recomendable el coche, en unas 5 horas se puede llegar desde Barcelona gracias a las autopistas que hacen cortos los 515 km. Desde Marsella podremos visitar la Costa Azul (Niza 250), el valle del Ródano (Aviñón 100 km, Lyón 325 km) o Montpellier, todo ellos a menos de tres horas por carretera, mucho menos en tren.

Por mar. Los ferries de Córsica o la SNCM, entre otras compañías, permiten llegar a Marsella desde Córcega, Liguria o la Toscana, o continuar el viaje hacia Cerdeña, por ejemplo. El ferry es ideal ya que la travesía es corta y podemos llevarnos nuestro vehículo.

Dónde dormir en Marsella.

La mayoría de los hoteles se concentran en la zona del Vieux Port, de la Canabière y de la Gare St-Charles. Como siempre la diversidad es muy grande y todo depende del dinero que estemos dispuestos a gastarnos. En la zona de Le Prado, al sur de la ciudad, frente a la Isla de If se encuentran algunos exquisitos hoteles de lujo con espectaculares vistas. En la Canabiere y Gare St Charles encontramos hoteles de las grandes cadenas pensados para la gente de negocios que a veces viene de París y para los turistas en general. En la zona del Puerto Viejo, hay coquetos hoteles con encanto y muchas veces no demasiado caros. Así pues la oferta es muy grande. Aquí les dejamos un atajo para visitar la página de hoteles de Marsella donde les ofrecemos algunas sugerencias dentro de un gran abanico de hoteles.

Más información sobre los hoteles en Marsella.

Dónde comer en Marsella

Marsella es una de las ciudades más grandes de Francia, por lo que, para comer, no tendrán problemas de ningún tipo, ya que hay restaurantes y bares por todas partes. Eso sí, no se olviden de que los horarios no son como los españoles. En Francia se suele comer de 12 a 13:30, aunque muchos restaurantes, sobre todo en las zonas turísticas, permanecen abiertos hasta las 14:30 o 15:00. Marsella se caracteriza por su buen tiempo y por sus días luminosos; recuerden que estamos en la Costa Azul. Por tanto, hay una gran cantidad de restaurantes con terrazas (en invierno también se puede comer fuera gracias a las estufas instaladas en el exterior), y se puede desayunar, comer o cenar en una terracita con muy buenas vistas en la mayoría de las ocasiones.

restaurantes-marsella-comerUna de las zonas donde les recomendamos comer es en la zona del puerto viejo de Marsella (Vieux port): hay muchas marisquerías y restaurantes a lo largo de todo el paseo que rodea el puerto. Se come muy bien y, además, tenemos una vista fantástica de uno de los lugares más bonitos de Marsella. Por otra parte, en el puerto viejo existe también la posibilidad de comer en un lugar extraordinario: un barco, ya que hay algunos veleros antiguos acondicionados como restaurantes, y es una forma original de comer.

Hay plazas muy agradables a un paso del puerto viejo llenas de restaurantes agradables y de calidad, como muestra la foto.

Al lado del puerto viejo de Marsella, existen varias plazas llenas de restaurantes donde se puede comer a muy buen precio y platos de calidad: se puede encontrar pescado marisco y pescado muy fresco, y algunos platos típicos de Marsella deliciosos, como la bouillabaisse (una deliciosa sopa de pescado), los pieds paquets (unos callos riquísimos), la tapenade (una especie de pasta par untar de olivas, que suelen poner como aperitivo), o el pescadito frito, entre otros.

Uno de esos lugares parte del Quai de rive neuve y forma un cuadrado por donde no hay circulación, por lo que se puede comer tranquilamente. Por un lado está la place aux huiles, donde también se puede tomar tranquilamente un café por la mañana haciendo un alto en el camino antes de subir al fuerte o a Nôtre Dame; después hay una hermosa plaza llamada Cours d’Estienne d’Orves, una placita más pequeña, Place Tiers, y callejuelas como la rue Saint Saens. Son restaurantes muy agradables, donde se come muy bien a buen precio y con un servicio muy bueno. Eso sí, piensen que las bebidas (refrescos, cervezas, vino o aguas) son muy caras (unos 4 euros una cerveza y 5 o más un vaso de vino); el menú puede salirles muy bien, pero las bebidas muchas veces no están incluidas. Aunque es una costumbre( y una obligación, por ley) servir con la comida  agua del grifo gratuita.

No muy lejos, a un paso de la Abadía de San Víctor, encontramos restaurantes originales metidos entre calles, en placitas, con sus terrazas, como uno que se encuentra en la rue Robert, donde se pueden comer platos típicos en un ambiente tranquilo y agradable.

Si quieren visitar la panadería más antigua de Marsella, el Four de Navettes, vayan a la rue Sainte, al lado de la Abadía de San Víctor, donde podrán degustar las navettes, una especialidad que data de hace unos 200 años. Son una especie de galletas alargadas, con forma de barca, dulces y con un sabor delicioso a azahar.

El puerto, los fuertes y los alrededores, la colina de la Garde.

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El viejo puerto de Marsella está flanqueado por dos fuertes que lo protegen y encierran. Alejado del moderno embarcadero de los ferries que unen la ciudad foceana con el Mediterráneo, este gran puertecillo rectangular parece de juguete. Pero no lo es, pues organiza prácticamente toda la ciudad, atrayendo a los paseantes y los turistas que se mezclan calmamente en sus alrededores, en las terrazas, en las tiendas o sentados frente al mar viendo caer el sol.

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Junto a la embocadura del puerto el Castillo de Saint-Jean ocupa un lugar estratégico. En el siglo XIII la orden de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, la futura orden de Malta, se instala dando nombre al lugar. No obstante, la masiva torre cuadrada fue construida por el Rey René después de un saqueo aragonés en 1423. Luís XIV amplió la fortificación y construyó un foso inundable para aislarla en caso de necesidad. Fortaleza, prisión durante la Revolución, será gravemente dañada en el curso de la IIGM al explotar en 1944 el deposito de municiones alemanas.

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La colina que al sureste protege la rada de Marsella posee el imponente Castillo de Saint-Nicolas, comenzado en 1660 también por orden de Luís XIV. El Caballero de Clerville fue el encargado de realizar la obra, que más tarde será vivamente criticada por Vauban. La fortaleza siempre tuvo como objetivo garantizar el control de la ciudad. La Fronda nobiliaria contra la que Luís XIV luchará tendrá siempre apoyos en la ciudad y el rey sol, una vez ratificada la paz con España, no dudará en sujetar con mano de hierro a los marselleses. Durante la Revolución, en Marsella los ideales jacobinos se mezclaran con rencillas pasadas para aplicar la guillotina con sanguinaria meticulosidad. la hacer de la guillotina.
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Hoy en día todo eso está olvidado, demasiado olvidado, y la ciudad encuentra su terreno de esparcimiento en las calles que van de un Castillo hasta el otro. Zonas peatonales o paseos marítimos incluidos en la ciudad, este barrio constituye el mayor atractivo para una ciudad que adolece de muchas cosas, pero no de alegría y capacidad para disfrutar de la vida.

El Palacio del Faro (Le palais du Phare).

Al oeste de Marsella cerca del Castillo de Sant-Nicolas con una preciosa vista del viejo puerto en la zona llamada Teste de More se encuentra el Palacio del Faro. Fue construido bajo Napoleón III para la Esperadora Eugenia de Montijo por J.M Vaucher y M. Lefuel en 1855. El palacio que recuerda vagamente al Palacio de la Magdalena de Santander. Fue utilizado como facultad de medicina y después transformado en centro de congresos que pertenece a la ciudad.

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La basílica de Sainte-Marie-Majeure.

Siguiendo la orilla del puerto viejo, pasando el castillo de Sant-Jean llegamos a una explanada que se abre como se abre la bocana del puerto. Allí los marselleses se pasean, tomas el sol, pescan sin mucho interés y los enamorados retozan en la hierba o se acaramelan en el pequeño malecón. Desde allí rodeada por carreteras y justo a los nuevos muelles donde llegan los ferrys de Córcega, Cerdeña, Argelia o el resto de Italia encontramos la otra gran iglesia marsellesa. Santa María la Mayor es un edifico imponente, aunque disminuido por su entorno, de estilo románico bizantino. Substituye a otro edificio anterior fue construida entre 1853 y 1893. La ciudad se encontraba en plena expansión económica y junto a la estación de Saint-Charles (1848) o los Palacios de la Bourse (1852) o Longchamp (1864) se construyen monumentos propagandísticos como este o la basílica de Notre-Dame de la Garde.

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Arquitectura grandiosa, similar a la basílica de San Pedro de Roma, construida de mármol de Carrara, piedra verde de Florencia, pórfido, etc. con un aspecto bastante particular para ser un edificio religioso. Mezcla de estilos, con cúpulas y mosaicos pseudobizantinos y elementos románicos y góticos, pero con planta latina. A pesar del esplendor de los materiales la iglesia parece en desuso, abandonada, como la mayoría de los edificios religiosos de Francia. Dado que el propietario, y quien debe ocuparse del mantenimiento, es la Iglesia católica francesa las iglesias se caen. Y el Vaticano no está dispuesto a sostener sus iglesias….

Abadía de San Victor

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Ascendiendo por detrás del Castillo de Sant-Nicolas llegamos a la Iglesia de Saint-Victor. Los restos más antiguos de está iglesia son de finales del siglo X, destacando la torre llamada de Isarn, a través de la cual se accede hoy a ella. Al parecer, este lugar fue el primero consagrado a la religión cristiana en lo que hoy es Francia y ello mucho antes de la construcción del actual templo. La reconstrucción de la iglesia tuvo lugar en el siglo XII en estilo románico. Entre el siglo XI y el XIV la abadía jugará un rol importante en la zona, desde Aragón hasta Italia, teniendo como insignes abades a los Papas Urbano V y Gregorio XI. La abadía irá perdiendo importancia con el discurrir de los siglos y la Revolución transformará el templo en deposito, prisión y cuartel lo que evitará su demolición. Napoleón devuelve al edificio su carácter religioso.

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Hoy en día, su estilo románico destaca por sus líneas simples y militares que se recortan en el azul del cielo marsellés. De camino hacia Notre-Dame de la Garde, debería ser visita obligada. No se pierdan las numerosas reliquias de santos guardadas en su interior.

Notre Dame de la Garde

La colina de la Garde es el punto culminante de la ciudad con sus 154 metros. Desde allí se podrá disfrutar de las mejores vistas. Hacia tierra, hacia el puerto -el turístico y el industrial-, hacia el sur con las islas y la zona residencial de pequeños chalets, todo ello desde esta colina de visita obligada. El monte fue utilizado desde la época prehistórica como puesto de vigilancia. Francisco I construyó un fuerte para protegerse de una posible invasión de Carlos V.

Ese fuerte sirve hoy de basamento para la basílica construida a partir de 1853 por el arquitecto Espérandieu. El socialismo y las recurrentes revoluciones francesas habían dado lugar, ya antes de la Comuna de 1871, a una intensa propaganda religiosa para someter a la población cada vez más descreída y revoltosa. Esta basílica precederá a las abundantes representaciones del Sagrado Corazón de Jesús que surgirán en el último tercio del siglo. La iglesia es una de los edificios con los que Napoleón III se significará en Marsella.

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El estilo es románico bizantino con numerosas cúpulas y mosaicos, y la policromía generalizada en dorados. Como muchos edificios de tipo semejante, se compone de dos partes. Una cripta abovedada y una iglesia alta, santuario consagrado a la Virgen Maria. Sobre el campanario, una estatua monumental, también de la Virgen, en bronce recubierto de oro del escultor Lequesne. La estatua data de 1870.

Para llegar a la cima, una buena media hora desde el puerto será necesario. Calzado cómodo y ritmo adecuado a cada individuo. Un poco de ejercicio que será recompensado con vistas increíbles. Muchas de las fotos que ornan esta página fueron tomadas desde lo alto de la colina.

La alta Marsella: Le quartier Le Panier.

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En la zona que se eleva entre el Castillo de Sant-Jean y la basílica Sainte-Marie-Majeure se sitúa un barrio popular cada día más turístico, le Panier. Barrio de callejuelas estrechas y casas de colores que sobrevuelan el puerto viejo Marsellés. Muy pintoresco, desde los nombres de las calles hasta sus habitantes, las plazas y la ropa que pende de las ventanas como en el barrio lisboeta de Alfama. Subsisten vestigios de diferentes épocas, como la plaza de los Molinos (Place des moulins), en la parte más alta del barrio, donde antaño se podían encontrar 15 molinos de viento. Hoy quedan dos, transformados en viviendas. Para el autor de estas líneas, sin embargo, no hay comparación posible. La autenticidad de las cuestas lisboetas no se encuentra en las calles de le Panier. Sí en cambio, un aspecto de abandono generalizado que encanta a los parisinos de visita. Si no fuera por el numeroso público turístico, pensaríamos pasear por un barrio marginal y peligroso. Cierto es que las apariencias engañan y más en Marsella pero, por el momento, el barrio carece de interés.

Una excepción es la Vieille Charité, un gran hospicio del siglo XVII que hoy alberga varios museos, como el Musée d’Arts africains, océaniens et amérindiens (o M.A.A.O.A.).

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En su café, en mitad de un triple patio porticado, una cerveza fría y la sombra del bello edificio deben hacer felices a los marselleses cuando el verano aprieta y la calima lo invade todo. Visiten el barrio y opinen por sí mismo sobre este particular barrio.

La Marsella de las grandes avenidas y el barrio de las Cinq Avenues.

La avenida de la Canabière abre Marsella desde el viejo puerto, ascendiendo lentamente hacia las profundidades de la urbe foceana. Continuándola por los bulevares de la liberation y de Longchamp encontramos la zona comercial de la ciudad. Entre tiendas de las grandes cadenas mundiales y pequeños comercios nos mezclamos con los marsellés, tan diversos como animados. Al final del boulevard Longchamp se encuentra el Palacio del mismo nombre.

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El Palacio Longchamp es el monumento emblemático del barrio de Cinq Avenues. El arquitecto Espérandieu, personaje señero en la época expansión de Marsella se encargó de la construcción a partir de 1862. Palacio que recuerda, eso sí en un estilo más neoclásico, al Trocadero parisino. Abriga dos museos, el de bellas Artes y el de Historia Natural. En los jardines hubo, hasta 1987, un zoológico.

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La rue de la République, corta perpendicularmente la avenida de la Canabière. Abierta en 1860, en plena reforma arquitectónica del II Imperio intentaba regenerar la ciudad de la misma forma que Haussmann en París. La vía rectilínea fue copiada de las grandes avenidas parisinas, y unía el centro histórico con el nuevo puerto de la Joliette terminada en 1844 cuya actividad, en 1860 no cesaba de crecer. Así pues, se mezclaban los elementos meramente arquitectónicos con las ideas higienistas, y evidentemente con intereses inmobiliarios. Las obras comenzaron en 1862, con demoliciones y expulsiones de más de 16.000 personas. Algo más 150 años después en la misma calle, podemos observar los mismos comportamientos. Desde el viejo puerto las tiendas de lujo y de consumo de masas se van extendiendo por la avenida, expulsando de los bellos y abandonados edificios burgueses a los emigrantes que los ocuparon para mejorar la calidad del barrio pero también para hacerlo artificial y nada popular.

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Islas Frioul y Castillo de If

Isla o gran islote ya citada por Cesar, la Isla de If cobrará interés gracias a Francisco I, del que ya hemos hablado. Rey de poca palabra, que sin embargo se preocupó bastante de la defensa de la ciudad. Fue él quien, después de un viaje en 1516, decidió fortificar la isla lo que se hará en 1531. Sin embargo, muy pronto la isla cambiará su uso, de fortaleza pasará a ser prisión y ¡no de las menos conocidas!

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La isla es una roca calcárea de 3 ha de superficie en la que destacan las fortificaciones del siglo XVI, una muralla con bastiones y en el centro otra muralla con tres torres cilíndricas. En la planta baja las legendarias mazmorras donde pasó años enteros Edmond Dantès, incluso puede verse el agujero cavado por el héroe de Dumas. Poco importa que la ficción superase la realidad y que el famoso Conde de Montecristo jamás estuviese allí. Hoy la isla y su fortaleza se han convertido en uno de los atractivos turísticos más importantes de Marsella.

Los que si visitaron las celdas húmedas fueron los protestantes perseguidos en las guerras de religión y después de la revocación del Edicto de Nantes, unos 3.500 entre 1545 y 1750. Contrariamente a lo que se afirma, la Mascara de Hierro no fue huésped de este castillo, ni tampoco el marques de Sade. Sí lo fueron, en cambio el Marqués de la Valette o Mirabeau y el más célebre, el abad espirita José Custodio Faria a quien Alejandro Dumas hará inmortal utilizándolo para crear al Conde de Montecristo. Más tarde los presos políticos de la Revolución de 1848, aquella cantada por Marx en sus obras, ocuparán las celdas y después los communards de 1871. En 1890 el último preso saldrá de la prisión y la isla será abierta al público. Hoy un servicio de pequeños ferries une el puerto con la isla todos los días.

A pesar de la fantasía, o quizá precisamente por ella, cuando paseamos entre las piedras antiguas de If, podemos rápidamente meternos en la piel del Conde. Él nunca estuvo aquí, pero el horror de los que sí estuvieron y soñaron como él con la libertad, aun sin conseguirla, crepita levemente bajo las mismas piedras, sobre todo cuando el sol se escapa hacia el oeste y la noche lo cubre todo.

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Y si lo que busca es la tranquilidad en una pequeña playa con aguas turquesas, no deje de visitar Les calanques de Marsella, a un tiro de piedra de la ciudad.

Página del Jabón de Marsella

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