Sète

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Al llegar a Sète, ya sea por tren o por carretera lo que más sorprende es la redondeada colina que aparece dominándolo todo. Si el sol bajo del invierno acompaña el verdor de sus chalets, podríamos pensar llegar a una lujosa ciudad residencial. Al acercarnos más, vemos el azul del mar añil que penetra en la tierra por canales casi venecianos. Ese azul maravilloso, oscuro bajo los puentes metálicos que parecen el Pegasus Bridge normando, sacado de la película el Día más largo.

Ahí se ve el verdadero Sète, mucho más industrioso que la lánguida Venecia, pues estos canales aún se llenan de barcos pesqueros que descargan al atardecer las capturas onerosas de un día de labor bien sudada. Ya en la ciudad, con los canales portuarios que llegan hasta la estación de tren, con el monte Saint-Clair al fondo, pero cercano, vemos la cara obrera de la ciudad. Ésta, tintada de edificios burgueses que dan aún más colorido y mezcla al puerto. La ciudad engloba y rodea al monte, refugio de verde entre tanta planicie arenosa. Sète puede parecer un oasis en mitad de un desierto azul y amarillo. El mar y la tierra unidos, creando un polo de vida en esta landa llana y aparentemente vacía. Al SE y NE dos grandes lagunas costeras rodean la ciudad, una llegando casi a Montpellier, la otra a Adge. Dos estrechas bandas de tierra las separan del mar y por ellas circula el tren que nos lleva desde España hasta Marsella.

¿Cómo llegar?

sete-provenza-franciaEnclavado en la linea Perpiñán-Aviñón, el tren es ideal para desplazarse en Francia, no tanto si se viene de España. Por carretera Sète se encuentra a 330 km de Barcelona; a 35 km de Montpellier; 125 de Aviñón y 200 km de Marsella.

En la foto de bernadettejfr, los canales de Sète con el Monte Saint Clair al fondo.

Los canales y los muelles

En sus muelles el pescado aún afluye regularmente por las tardes, cuando el sol se acuesta tras una dura jornada entre una explosión de rojos, anaranjados y amarillos; con el azul como soporte, en el mar y en ese cielo que se va apagando, al tiempo que los aromas de una parrilla de sardinas o marisco llenan el aire y una canción recuerda a los hijos pródigos de Sète.

Monte Saint-Clair

En la colina que domina toda la llanura, las vistas son magnificas, del lado del mar, de la tierra, hacia las lagunas… En el monte los cipreses y las casas se acomodan entre las calles que ascienden y bajan. La subida, a pie o en coche, es un paseo muy agradable, sobre todo en primavera u otoño. La recompensa desde el belvedere merecerá la pena.

La Fiesta de las “Joutes” de Sète.

sete-joutes-fiestas-provenzaDos veces por año, una en diciembre, y la otra a finales de agosto, las “Joutes” reúnen a las multitudes en torno a los canales de Sète. Allí un particular torneo tiene lugar. En el Gran Canal encaramados en barcas típicamente mediterráneas, los contendientes, todos de blanco, pero unos ornados de azul y otro de rojo se enfrentas en justa singular. Y así desde 1666 año de fundación de la ciudad. Este torne es una de las máximas atracciones festivas de la ciudad. La barca azul y la roja, al ritmo del oboe y el tamboril, instrumentos típicos del bajo Languedoc y la Provenza, situados en la proa de la barcaza.

Contendientes de Joutes (Foto de Theo Haberbusch)

Los primeros torneos de Joutes se celebraron en las ciudades cercanas de Agde en 1601, en Frontignan en 1627 y en Mèze en 1665. En Sète los primeros tuvieron lugar el 29 de julio de 1666 para celebrar la creación del puerto de Sète que formaba parte de las obras del Canal del Midi. Éste, uniría el mediterráneo desde Séte con el río Garona y Burdeos en el Atlántico.

En el siglo XVIII los torneos oponían a los hombres casados contra los solteros y a los barrios. En agosto se celebra el torneo De Saint Louis, verdadero campeonato del mundo de la especialidad. El vencedor es inmortalizado, ya que su nombre es gravado en el suelo de la sala de “joutes” del museo Paul Valery.

El torneo es precedido de un desfile, donde todos los combatientes, vestidos de blanco y con el típico sombrero plano de paja caminan hasta la plaza central de Sète. La música les acompaña y da un ambiente festivo a la cita. Primero las barcas dan una pasada en la que los contendientes se saludan con un apretón de manos. Las barcas se desplazan como si de caballos se tratasen y al rozarse es el momento de la lucha. Armados con una lanza de madera con la punta plana y un escudo que la retiene, los mozos se empujan hasta que uno de ellos cae al agua.

Hoy en día la fiesta congrega a casi 15.000 personas, con lo que el ambiente está garantizado. Disfruten y tengan cuidado ¡de no caer al agua!

George Brassens

Tal vez sea el hijo más conocido de la ciudad. Músico rebelde y contestatario desde su calma legendaria, iluminó con melodias sencillas y palabras simples la chanson française. Pero bajo su guitarra calmada se ocultaba un brío y un incorformismo igualable al de otro genio Jacques Brel.

El cantautor está aún, hoy más de 25 años después de su muerte, presente en la ciudad. Sus melodías inconformistas aún resuenan y su Supplique pour être enterré sur une plage de Sète se recuerda, a pesar de que finalmente fuese enterrado en el cementerio de Py, eso sí no muy lejos de la playa y del Mediterráneo.

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Mapa y callejero de Sète

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